Chistes verdes






Estaban tres monjitas a la orilla de la playa y se encuentran con un hombre tirado en la arena muerto, pero con el pene erecto. Las tres monjitas se miran unas a las otras y una dice, oye nosotras llevamos mucho tiempo sin tener relaciones porque no aprovechamos ahora que el hombre esta muerto y le hacemos el amor a este hombre al fin y al cabo nadie lo va a saber y todas conntestaron que si va la primera y termina va la segunda y termina, pero la tercera esta en menstruacion y dice porque no voy a aprovechar la oportunidad. Pero cuando termina el hombre que al pensar estaba muerto se levanta de la arena, y una de las monjitas dice hay el hombre revivio y otra dice con esa transfusion de sangre revive cualquiera.

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Un granjero compra una ordeñadora para las vacas, y mientras está ordeñando una vaca, piensa que con el movimiento del ordeñador auomático podría hacerse unas buenas pajillas, así que se saca la picha por la bragueta y la mete en la chupadora de la ordeñadora. El tio se corre hasta seis veces, pero ya exausto intenta parar cuando se da cuenta que no puede sacar la picha. Super nervioso saca el móvil, y llama al servicio técnico para preguntar cómo demonios se para la ordeñadora. El del servicio técnico le contesta:
- Tranquilo, a los 25 litros se para sola.

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Un tío entra en un bar y ve a un mono sentado en la barra.
- Oiga, ¿y este mono?.
- Ah, mire lo que hace.
El camarero saca un bate de béisbol y le pega una hostia en la cabeza al mono que lo tira de la barra.
- Pero qué hace, hombre, ¡que lo va a matar!.
- Que no, mire...
Entonces el mono se levanta, se sube a la barra, le baja la bragueta al camarero y le hace una mamada.
- Coño, ¡esto es increíble!.
- ¿Le gustaría probar?.
- Vale, pero no me de muy fuerte con el bate.

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Va un hombre al médico, y éste le dice:
- Me duelen los cojones.
Y el médico, abrumado, dice:
- Un poco de respeto, mejor diga que le duelen los concejales. Pero bueno, yo le recetaré una medicina para el dolor.
A los dos días vuelve al médico y este le dice:
- Oiga, ¿cómo van los concejales?.
Y con un suspiro de resignación dice el tío:
- Los concejales van bien, pero el alcalde no levanta cabeza.

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